sábado, 11 de julio de 2015

Alejandro Reinick: “En torneos largos la suerte no influye para nada”


Cruzó el Río de la Plata para aportarle experiencia y calidad a un plantel plagado de jóvenes. Alejandro Reinick tuvo el voto de confianza de los directivos de Larrañaga, y del entrenador Gonzalo Fernández, y no defraudó. Opinar fue recibido en el Gimnasio Doña Natividad Rivera y charló mano a mano con el “Colo”, tal como es conocido desde siempre en Santa Fe, su ciudad natal.


-¿Cuáles fueron los desafíos que lo trajeron al Uruguay?

Lo principal era seguir compitiendo. También es cierto que me aparecía una propuesta nueva y distinta, después de tantos años en el mercado argentino. Empecé en el Federal, pasé por la Liga Nacional y en estos últimos años pasé por el Torneo Nacional de Ascenso (TNA). Creo que si no tomaba la opción ahora, no sé cuándo volvería a recibirla. Entonces me decidí por Larrañaga y aportar algunas cosas que no son propias de un extranjero americano, apelar a lo colectivo y apuntar a estar lo más arriba posible.

-¿Cómo manejó los pocos días que hay entre un encuentro y el otro? ¿Lo sorprendió?

Puede ser, por ahí no esperaba una seguidilla muy importante de partidos. Capaz que vine con la idea de seguir en ritmo, después de una temporada muy exigente en el TNA, y no supe dónde me metía, pero me vino muy bien porque no quería estar parado cuatro meses.

-¿La cercanía entre Uruguay y Argentina tuvo influencia al momento de tomar la decisión?

Sí, de hecho estoy más cerca ahora en Montevideo que estando en algún club de Argentina. Incluso el Metropolitano tiene la ventaja de que se juega todo en Montevideo, los viajes no generan un desgaste. Cosa que allá es bien diferente porque recorremos el país de punta a punta en 10 meses.

-Teniendo en cuenta esto último, ¿cómo llevó el relacionamiento familiar a lo largo de su familia? ¿Le costó o pudo ser normal?

Y mira, una de las razones por las que volví a Santa Fe, más allá de ser hincha del club, fue tenerla al mi lado. Iba notando que con el paso del tiempo los extrañaba cada vez más. En la carrera del deportista hay muchas cosas que no se ven. Yo me fui de mi casa a los 16 años, estuve 20 años dando vueltas por el país, viendo muy poco a mis allegados y me perdí un montón de cosas que para muchos son las cosas más normales. Por ejemplo, mi viejo sufrió una enfermedad y pude acompañarlo a cuentagotas. Quizás de chico uno no se da cuenta de algunas cosas, pero en el paso del tiempo tienen muchísima importancia.

-Capaz que hay muchas diferencias entre Unión y Larrañaga, pero lo que no cambian son los colores.

(Risas) Es increíble. El rojo y blanco están pegados. Con respecto a lo que decías de lo distinta que es la infraestructura y esas cosas no sé si es tan importante. Lo importante es contar con un gran grupo y, por suerte, acá lo tenemos. Los chicos de la casa tienen un gran sentido de pertenencia y me hicieron sentir como uno más desde el principio.

-Después de haber pasado por varias instituciones que fueron campeonas, ¿le costó cambiar la mentalidad cuando llegó a Larrañaga, que hoy está pasando un buen momento, pero no se armó para llegar a lo más alto?

Cuando me contrataron, sabía que el club (como regresaba a la categoría) tenía otras prioridades. Una de ellas es terminar el estadio y en lo deportivo mantenerse. Ese fue el primer objetivo, ojalá que muy pronto lo logremos y después, capaz, que nos pondremos una nueva meta y miraremos hacia arriba para no conformarnos con nada.

-Que alguien sea un jugador ganador, ¿le otorga un plus a un plantel?

Hay una diferencia entre los buenos jugadores y los ganadores. No por algo en los equipos top muchas veces se repiten las caras y no se conforman con otra cosa que no sea la obtención de un título. Uno que tuvo la suerte de haber probado ese gustito a gloria, o como quieras llamarlo, no hay algo más lindo.

-Para ser campeón, ¿se necesita más talento que suerte o la fortuna tiene que acompañar?

En torneos largos la suerte no influye para nada. Se necesita un buen plantel y tener a aquellos de los que hemos hablado anteriormente. Siempre que pude conseguir algo, fue en las instituciones que estaban armadas desde el primer día y tenían el objetivo marcado desde siempre. El que sale campeón es el mejor y las etapas te van posicionando en el lugar que mereces.

-Durante su carrera defendió a varios equipos, sin embargo estuvo durante años en Peñarol de Mar del Plata. ¿El éxito tenía que ser una fija al momento de empezar cada campaña?

Sí, en un momento estábamos mal acostumbrados. En cuatro años jugamos cuatro finales, alcanzamos tres títulos de Liga, dos campeonatos de América, Interligas, Copas Desafío, Super 8, intento hacer memoria y capaz que algún trofeo se me olvida. Desde el momento en el que se firmaba el contrato, nos armábamos para ser campeones. Si no se nos daba, no te digo que se tildaba como un fracaso, pero sí nos hacían saber que no se había conseguido el objetivo. Aunque, más allá de Peñarol, ya lo había vivido en Atenas de Córdoba, Quimsa de Santiago del Estero y Regatas de Corrientes.

-¿Cuál es el campeonato que más recuerda y por qué?

Todos tuvieron un sabor especial. Sobretodo porque el esfuerzo de tantos meses, dentro y fuera de la cancha, se cumplía. Desde los más chicos a los más grandes, cualquiera valía un montón. El “Oveja” Sergio Hernández, que fue entrenador mío, me dijo una frase que me marcó: “Cuando ganes algo, disfrutalo. Nunca se sabe cuando lo vas a repetir”.

-Recién habló de alguien que lo dirigió. ¿Con cuáles aprendió y disfrutó más?

Cualquiera me dejó una enseñanza, tanto para bien, como para mal. Pero los cuatro años que tuve a Hernández traté de quedarme con el mayor aprendizaje posible, no solo de él, sino de todos los compañeros de Peñarol. Ese grupo que tenía tantas estrellas logró que los egos quedaran de lado y primaran las metas colectivas.

-A lo largo de su carrera, ¿se sorprendió con algún jugador que haya crecido tanto a nivel basquetbolístico y compartió equipo con usted?

Sí, con varios. Cuando empecé, la Liga tenía un montón de figuras, que tenían su experiencia y que recién estaban arrancando. Peñarol fue un ejemplo, con Leo Gutiérrez (ganador de una medalla olímpica, entre tantos logros), Facundo Campazzo, Selem Safar, Marcos Mata, entre otros que me estoy olvidando, pero que fueron importantísimos. Esa mezcla, que tienen varias instituciones, posicionan al básquetbol argentino entre uno de los mejores del mundo, sacando de la discusión a la NBA, España y alguna otra.

Su pasaje por la albiceleste

A lo largo de su trayectoria, defendió a varios equipos y fue campeón en reiteradas ocasiones. Sin embargo no consiguió una continuidad en la selección argentina y eso es una asignatura pendiente. “No tuve la suerte de jugar los torneos y las competencias que hubiera querido. Es más, cuando iba a participar de una gira importante, tuve la desgracia de romperme la rodilla y estuve un año parado”, confesó.

El hecho de haber entrenado y haber jugado amistosos fue muy lindo. Por ahí hay que mirar el vaso medio lleno”, agregó.

El futuro

Reinick tiene 37 y no descuida lo que puede llegar a pasar en su futuro después de abandonar los rectángulos de juego: “El básquetbol fue un estilo de vida desde que tengo recuerdos. Creo que el retiro va a ser algo difícil, lo voy a tener que laburar un montón, pero no me veo de la línea para afuera. No me imagino como director técnico, manager o directivo. Tendré que dar un paso al costado y marcar como finalizada una etapa”.

Tatengue hasta la muerte

En su cuenta de Twitter se define como “Santafesino y Tatengue, demás está decirlo”. Al respecto le aclaró a Opinar: “Soy de apoyar a Unión en cualquier actividad”.

A su vez recordó su vida vinculada el albirrojo: “Desde que tengo memoria, mi viejo me llevó siempre a la cancha. Somos socios, lo sigo siempre y me da mucha alegría al ver a mi equipo en el lugar que se merece estar, al lado de los grandes del fútbol argentino”.

Por suerte, con este receso por la Copa América, no me perdí muchos partidos”, sentenció.

@MathiRosello

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